martes, 14 de abril de 2020

Materiales incompatibles Parte 1

Son incompatibles dos sustancias que, al entrar en contacto o mezclarse, generan un efecto dañino o potencialmente dañino. Los dos miembros de un par incompatible pueden ser sustancias químicas, o una sustancia química y un material de construcción como la madera o el acero. La mezcla o el contacto de dos materiales incompatibles da lugar a una reacción química o a una interacción física que genera una gran cantidad de energía. Los efectos perniciosos específicos o potenciales de estas combinaciones, que pueden provocar en última instancia accidentes graves o daños para la salud, incluyen la liberación de grandes cantidades de calor, incendios, explosiones, producción de gases inflamables y generación de gases tóxicos.

Puesto que en un laboratorio suele encontrarse una amplia gama de sustancias, la existencia de incompatibilidades entre ellas es muy habitual y representa un riesgo para la vida y la salud si no se tratan correctamente.

Rara vez se mezclan deliberadamente materiales incompatibles. Normalmente, su combinación es el resultado de una rotura accidental simultánea de dos recipientes adyacentes. En ocasiones, se debe a fugas o pérdidas, o a la mezcla de gases o vapores procedentes de botellas cercanas entre sí. Aunque en muchos de los casos en que se combinan dos elementos incompatibles los efectos perjudiciales pueden observarse con facilidad, al menos en uno de ellos, la detección de la formación de un tóxico crónico no resulta tan sencilla. Es el caso que consiste en la reacción del gas formaldehído derivado de la formalina al 37 % con el cloruro de hidrógeno desprendido del ácido clorhí- drico concentrado, que da lugar a la formación del potente cancerígeno bis(clorometil) éter. Otros casos de efectos de detec- ción no inmediata consisten en la generación de gases inodoros e inflamables.

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lunes, 13 de abril de 2020

Prevención de lesiones - Prevención de incendios y explosiones y extinción de incendios. Parte 2

La mayoría de incendios relacionados con sustancias químicas o disolventes que se producen en el laboratorio y son de una magnitud moderada pueden apagarse con extintores de dióxido de carbono o de polvo. Los laboratorios deben equiparse con uno o varios extintores de cualquiera de los dos tipos, dependiendo de su tamaño. Ciertos incendios especiales exigen la aplicación de otros agentes extintores. Muchos incendios en los que se queman metales se apagan con arena o grafito. La ignición de hidruros metálicos requiere el empleo de grafito o caliza en polvo.
Cuando se prenden ropas en un laboratorio, las llamas deben apagarse con rapidez para reducir al mínimo las lesiones
producidas por las quemaduras térmicas. Una manta colgada en la pared con la que envolver a la víctima extingue este tipo de fuegos con eficacia. Puede utilizarse para sofocar las llamas por la persona cuyas ropas han prendido. También es posible emplear las duchas de seguridad para resolver este tipo de problemas. Existen límites respecto al volumen total de líquidos inflamables que pueden almacenarse en condiciones de seguridad en cada laboratorio. Estos límites, generalmente estipulados en las normativas locales contra incendios, son variables
y dependen de los materiales de construcción de la instalación y de su equipación con un sistema de extinción de incendios automático. Suelen oscilar entre los 55 y los 135 litros.
El gas natural suele suministrarse a través de varias válvulas localizadas en diversas partes de un laboratorio convencional. Estos accesos constituyen las fuentes más comunes de fuga, junto con los tubos de goma y los quemadores a los que están conectados. Estos escapes, cuando no se detectan poco después de su inicio, provocan explosiones graves. Los detectores de gas, diseñados para indicar el nivel de concentración de éste en el aire, pueden utilizarse para localizar el origen de la fuga con rapidez. Prevención de lesiones debidas a diversas fuentes. Los daños provocados por la caída de botellas de gas a alta presión de gran tamaño, una de las causas de accidente más habituales de las comprendidas en este grupo, pueden evitarse con facilidad atando o encadenando firmemente estos recipientes a una pared
o un banco de trabajo del laboratorio y tapando todas las botellas vacías no utilizadas.
La mayoría de las lesiones provocadas por los fragmentos cortantes de tubos de cristal se producen por la rotura de éstos al colocarles corchos o tapones de caucho. Para prevenirlas, debe recurrirse a la lubricación del tubo con glicerol y a la protección de las manos con guantes de trabajo de cuero.

domingo, 12 de abril de 2020

Prevención de lesiones - Prevención de incendios y explosiones y extinción de incendios. Parte 1

La causa principal de incendio en un laboratorio es la ignición accidental de líquidos inflamables. En lo que respecta a la seguridad contra incendios, éstos se definen como aquellos líquidos con puntos de inflamación inferiores a 36,7 ºC. Las fuentes de ignición que provocan este tipo de suceso consisten en llamas desnudas, superficies calientes, chispas eléctricas generadas por interruptores y motores que forman parte de equipos como agitadores, frigoríficos domésticos y ventiladores eléctricos, y chispas producidas por electricidad estática. La ignición de un líquido inflamable no se produce en el líquido en sí, sino sobre éste, en la mezcla de sus vapores con el aire (cuando la concentración de vapor se encuentra entre ciertos límites superiores e inferiores).

La prevención de incendios en un laboratorio se basa en la retención completa de los vapores de líquidos inflamables en los recipientes que los contienen o en los aparatos en que son utilizados. Si esta retención completa no es posible, el coeficiente de fuga debe minimizarse en la medida de lo posible y debe suministrarse una corriente de aire continua y potente para eliminar dichos vapores, de forma que pueda mantenerse su concentración en todo momento muy por debajo del límite inferior de concentración crítica. Estos objetivos se cumplen cuando las reacciones en las que intervienen líquidos inflamables se llevan a cabo en campanas de humos y cuando los bidones que contienen estos líquidos se almacenan en cámaras con salida a un aparato aspirador.

Una práctica particularmente insegura es el almacenamiento de líquidos inflamables como el etanol en frigoríficos de tipo doméstico. Estos aparatos no mantienen los vapores generados lejos del contacto con las chispas generadas por sus interruptores, motores y relés. Por tanto, nunca deben conservarse recipientes de líquidos inflamables en este tipo de frigoríficos. Esta afirmación es especialmente válida en el caso de los recipientes y bandejas abiertos que contienen dichos líquidos. No obstante, incluso las botellas con tapones de rosca, guardadas en estos frigoríficos, han causado explosiones, supuestamente por la fuga de vapores a través de un cierre defectuoso o por la rotura de estos recipientes. Los líquidos inflamables que requieren refrigeración sólo se almacenarán en frigoríficos a prueba de explosiones.
Las chispas producidas por la acumulación de carga eléctrica debida al movimiento de un fluido constituyen un factor signifi- cativo causante de incendios, que actúa cuando se vierten o sifonan grandes cantidades de líquido inflamable de un bidón a otro. Este tipo de generación de chispas puede evitarse mediante la utilización de bidones con toma de tierra para descarga eléctrica.

sábado, 11 de abril de 2020

Prevención de lesiones - Protección contra la intoxicación y las quemaduras químicas. Parte 2

La vía boca–estómago–intestinos suele estar relacionada con la intoxicación más que con el ataque de sustancias corrosivas. La ingestión de materiales tóxicos suele producirse de manera inconsciente a través de la contaminación química de alimentos o cosméticos. Las fuentes de esta contaminación son los alimentos almacenados en frigoríficos junto con sustancias químicas, los que se consumen en el laboratorio y las barras de labios que se guardan o aplican en este tipo de instalación. La prevención en estos casos consiste en evitar las prácticas que los provocan, por ejemplo, utilizando ciertos frigoríficos exclusiva- mente para la conservación de alimentos y reservando lugares para comer fuera del laboratorio.

En lo que respecta a intoxicaciones y quemaduras químicas, la vía nariz–bronquios–pulmones, se ve afectada exclusivamente por las sustancias en suspensión en el aire, ya sea en forma de gases, vapores, polvo o neblina. Estos materiales pueden mantenerse alejados del sistema respiratorio de los trabajadores dentro y fuera del laboratorio mediante la práctica simultánea de: a) limitar la realización de las operaciones que los producen a las campanas de humos; b) ajustar el suministro de aire del labora- torio, de forma que la atmósfera en éste se renueve de 10 a 12 veces por hora, y c) mantener una presión atmosférica negativa en el laboratorio respecto a los pasillos y las salas que lo rodean. Las tareas que producen humo o polvo y exigen la utilización de aparatos muy voluminosos o recipientes del tamaño de un bidón de 218 litros, que son demasiado grandes para su utilización en una campana de humos ordinaria, deben llevarse a cabo en salas especiales dotadas de este tipo de sistemas de extracción. En general, los respiradores o los aparatos de respiración autónomos no deben emplearse en tareas de laboratorio que no tengan un carácter de emergencia.

La intoxicación crónica por mercurio, debida a la inhalación de vapores de este material, ocurre ocasionalmente en los laboratorios. Se produce cuando el mercurio acumulado en un lugar oculto (debajo del revestimiento del suelo, en cajones o en un armario) ha emitido vapores durante un período de tiempo suficiente para afectar a la salud del personal. Un servicio de mantenimiento adecuado evitará este problema. Si se sospecha de la existencia de una fuente de mercurio oculta, debe comprobarse si este elemento está presente en la atmósfera del laboratorio mediante la utilización de un detector especial diseñado al efecto
o la remisión de una muestra de aire para su análisis.


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viernes, 10 de abril de 2020

Prevención de lesiones - Protección contra la intoxicación y las quemaduras químicas.

Para mejorar la protección contra la contaminación de la piel debida al rociado de un determinado líquido corrosivo o la presencia de un sólido tóxico en suspensión en el aire, es conveniente utilizar guantes de seguridad y un peto de laboratorio realizados en goma o polímeros naturales o sintéticos apropiados. Por apropiado se entiende un material que no se disuelva, ni se hinche ni sufra ninguna otra modificación debida a la acción de la sustancia de la que debe proteger, ni sea permeable a la misma. La utilización de una pantalla de seguridad en la mesa de trabajo del laboratorio, interpuesta entre los aparatos en los que las sustancias químicas se calientan, reaccionan o se destilan y el investigador es una medida de salva- guarda adicional contra las quemaduras químicas y la intoxicación por contaminación de la piel. Puesto que la velocidad con que se elimina una sustancia corrosiva o tóxica de la piel constituye un factor esencial en la prevención o la minimización de los daños que ésta puede provocar, una ducha de seguridad, ubicada en un lugar adecuado en el laboratorio, es un componente indispensable del equipo de seguridad.
Los ojos pueden protegerse mejor de las salpicaduras de líquido mediante el empleo de gafas de montura ajustada y de máscaras faciales. Entre los contaminantes atmosféricos, además de los gases y vapores, figuran los sólidos y los líquidos cuando se presentan subdivididos en pequeñas partículas en forma de polvo o rocío. La forma más eficaz de evitar su contacto con los ojos consiste en trabajar en una campana de humos o en una caja de manipulación con guantes, si bien las gafas de montura ajustada también ofrecen cierta protección en estos casos. Las gafas pueden utilizarse para mejorar la protección al emplear la campana. La presencia de fuentes para el lavado de ojos de fácil acceso en el laboratorio suele eliminar y reduce sin lugar a dudas los daños en esta parte del cuerpo provocados por la contaminación que generan las salpicaduras de sustancias corrosivas y tóxicas.

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jueves, 9 de abril de 2020

Prevención de lesiones - Prevención de quemaduras químicas e intoxicaciones agudas frente a la prevención de intoxicaciones crónicas


Aunque el planteamiento básico de aislar la sustancia peligrosa de la persona que debe protegerse es el mismo en la prevención de intoxicaciones agudas, quemaduras químicas e intoxicaciones crónicas, su aplicación debe diferir en cierta medida en este último caso. Mientras que los dos primeros pueden compararse con un ataque masivo en una guerra, el envenenamiento crónico se asemeja a un asedio. Suele deberse a la actuación de concentraciones muy inferiores que ejercen su influencia a través de múltiples exposiciones a lo largo de amplios períodos de tiempo, y sus efectos comienzan a acusarse de manera gradual e insidiosa mediante una acción sostenida y sutil. La adopción de medidas correctivas exige, en primer lugar, la detección de la sustancia química capaz de provocar la intoxicación crónica antes de la aparición de los síntomas y el reconocimiento de uno o varios aspectos del malestar de un trabajador como posibles síntomas físicos debidos a la misma. Si se sospecha la existencia de una intoxicación crónica, debe procurarse atención médica con prontitud. Cuando se detecta un tóxico de este tipo en una concentración que excede o se aproxima al nivel admisible, deben emprenderse las acciones necesarias para eliminarlo o, al menos, reducir su concentración hasta alcanzar un nivel seguro. La prevención de la intoxicación crónica suele exigir el empleo de los equipos de protección durante toda la jornada de trabajo o gran parte de la misma; no obstante, por razones de comodidad, el uso de una caja de manipulación con guantes o un aparato de respiración autónomo no siempre es factible.

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miércoles, 8 de abril de 2020

Prevención de lesiones -Prevención de intoxicaciones y quemaduras químicas.

Las intoxicaciones y las quemaduras químicas poseen una característica en común: comparten los mismos lugares de acceso o ataque: a) la piel; b) los ojos; c) de la boca al estómago y los intestinos, y d) de la nariz a los bronquios y los pulmones. La prevención consiste en lograr que estas zonas sean inaccesibles para las sustancias tóxicas o corrosivas. Para conseguirlo, deben colocarse una o varias barreras físicas entre la persona protegida y la sustancia peligrosa o garantizar que la atmósfera del laboratorio no esté contaminada. Los procedimientos en los que se utilizan estos métodos incluyen el trabajo detrás de una pantalla de seguridad, el empleo de una campana de ventilación o la combinación de ambos sistemas. Obviamente, la utilización de una caja de manipulación con guantes ofrece una protección doble. La minimización de los daños de la lesión, en caso de que se produzca una contaminación de tejidos, se consigue mediante la eliminación de la sustancia tóxica o corrosiva con la mayor rapidez y exhaustividad posible.

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