domingo, 28 de octubre de 2007

Riesgos para la salud: El crotonaldehído

El crotonaldehído es una sustancia muy irritante que produce también quemaduras en la córnea y exhibe una toxicidad similar a la acroleína. Se han descrito casos de sensibilización en trabaja- dores, y algunos ensayos de mutagenicidad han dado resultados positivos.
Además del peligro de incendio que conlleva el p-dioxano, éste ha sido clasificado por la IARC como cancerígeno del grupo 2 B, esto es, como cancerígeno animal demostrado y posible cancerí- geno humano. Los estudios de inhalación en animales indican que el vapor de p-dioxano produce narcosis, lesiones pulmonares, hepáticas y renales, irritación de las mucosas, congestión y edema pulmonar, cambios de comportamiento y recuentos hemáticos elevados. La administración de dosis elevadas de p-dioxano con el agua de beber se han relacionado con el desarrollo de tumores en ratas y cobayas. Experimentos con animales han demostrado también que el dioxano se absorbe rápidamente a través de la piel produciendo signos de descoordinación, narcosis, eritema y lesiones hepáticas y renales.
Estudios experimentales en seres humanos han demostrado irritación de ojos, nariz y garganta con concentraciones de entre 200 y 300 ppm. Se ha sugerido un umbral de olor de 3 ppm, aunque en otro estudio se obtuvo un umbral de olor de 170 ppm. Estudios con animales y seres humanos han demostrado que el dioxano se metaboliza a ácido b-hidroxietoxi- acético. Según una investigación realizada en 1934 sobre la muerte de cinco trabajadores en un fábrica de seda artificial, los síntomas de la intoxicación por dioxano consisten en náuseas y vómitos, seguidos de una disminución de la orina y finalmente anuria. En la necropsia se observó hepatomegalia, hemorragia e inflamación en los riñones y edema pulmonar y cerebral.
Debe decirse que, a diferencia de muchos otros aldehídos, las propiedades irritantes que advierten de la presencia de p-dioxano no se consideran buenas.

jueves, 25 de octubre de 2007

Riesgos Acidos Otros ácidos El ácido glicólico

El ácido glicólico es más fuerte que el acético y produce quemaduras químicas muy graves en la piel y los ojos. No se conocen efec- tos acumulativos y se cree que se metaboliza a glicina. En su manipulación deben adoptarse precauciones estrictas, similares a las recomendadas para el ácido acético. Las soluciones concen- tradas pueden provocar quemaduras en la piel y los ojos. Las personas que manipulen soluciones concentradas de este ácido deben utilizar equipos de protección individual.

martes, 23 de octubre de 2007

ENCOLADOR: Equipo básico utilizado

Cepillos de mano; rodillos (de mano o mecanizados); equipo de pulverización (de aire comprimido o no; de mano o automático); pistolas de inyección de cola aplicada en caliente; rociadores; aplicadores a presión.

lunes, 22 de octubre de 2007

Riesgos para la salud: cloroacetaldehído

El cloroacetaldehído tiene propiedades muy irritantes, no sólo para las mucosas (es peligroso para los ojos incluso en fase de vapor y puede provocar daños irreversibles), sino también para la piel. Produce lesiones semejantes a quemaduras por contacto con una solución al 40 %, y una irritación apreciable por contacto prolongado o repetido con una solución al 0,1 %. La prevención debe basarse en evitar el contacto y controlar la concentración atmosférica.
En el ser humano, el hidrato de cloral se excreta inicialmente como tricloroetanol y después, con el tiempo, como ácido tricloroacético, que puede alcanzar hasta la mitad de la dosis en exposiciones reiteradas. En exposiciones agudas graves, el hidrato de cloral actúa como narcótico y altera el centro respiratorio.

jueves, 18 de octubre de 2007

Riesgos Acidos acéticos halogenados: Acido fluoroacético.

Los ácidos di y trifluoroacético presentan un nivel de toxicidad menor que el ácido monofluoroacético (ácido fluoroacético). El ácido monofluoroacético y sus compuestos son estables, muy tóxicos y perniciosos. Al menos cuatro plantas de Sudáfrica y Australia deben su toxicidad a este ácido (Dichapetalum cymosum, Acacia georginae, Palicourea marogravii) y recientemente se ha comprobado que más de 30 especies de Gastrolobium y Oxylobrium en la zona oeste de Australia contienen cantidades variables de fluoroacetato.
El mecanismo biológico responsable de los síntomas de intoxicación por fluoroacetato es la “síntesis letal” de ácido fluorocítrico, el cual, a su vez, bloquea el ciclo de los ácidos tricarboxílicos por inhibición de la enzima aconitasa. La privación resultante de energía al detenerse el ciclo de Krebs va seguida de disfunción celular y muerte. Por otro lado, es imposible especificar cuál es la dosis tóxica de ácido fluoroacético para el ser humano; probablemente esté comprendida entre 2 y 10 mg/kg, si bien existen algunos fluoroacetatos mucho más tóxicos. En general, una o dos gotas del tóxico por inhalación, ingestión o absorción, a través de cortes o abrasiones de la piel o a través de la piel intacta, pueden resultar mortales.
De los estudios realizados en hospitales por casos de intoxicación parece deducirse que los principales efectos tóxicos de los fluoroacetatos en el ser humano afectan al sistema nervioso cen- tral y al sistema cardiovascular. Las víctimas sufren convulsiones epileptiformes graves que se alternan con coma y depresión. La muerte puede sobrevenir por asfixia durante una convulsión o por insuficiencia respiratoria. No obstante, los síntomas más característicos son las irregularidades cardíacas, una marcada fibrilación ventricular y parada cardíaca. Estos síntomas (que no se pueden diferenciar de todos los demás que se observan con frecuencia en la práctica clínica) suelen ir precedidos de un período inicial de latencia superior a 6 horas, caracterizado por náuseas, vómitos, sialorrea, entumecimiento, sensación de hormigueo, epigastralgias y opresión. Posteriormente pueden aparecer otros signos y síntomas, como contracturas musculares, descenso de la tensión arterial y visión borrosa.
Acido cloroacético. Esta sustancia es muy reactiva y debe manipularse con precaución. Cuando exista la posibilidad de que los trabajadores entren en contacto con soluciones concentradas, deberán ir protegidos obligatoriamente con guantes, gafas, botas de goma y mandiles impermeables.

martes, 16 de octubre de 2007

ENCOLADOR: Tareas

Adherir; aplicar (adhesivos); aspirar (disolventes); montar; unir (piezas de relleno); encua- dernar (libros); aglutinar; cepillar; enmoquetar; acarrear; sujetar; limpiar y acondicionar; subir (esca- leras de mano, andamios, etc.); revestir; cubrir; cortar (moquetas, bordes de papel pintado, etc.); sumergir; distribuir (cola); conducir; deshacerse (de residuos); secar; documentar; alimentar (máquinas); ajustar; formar; encolar; manejar; calentar (cola); sostener (herramientas); inyectar (cola); inspeccionar; instalar; aislar; juntar (superficies); arrodillarse (al enmoquetar, etc.); laminar; solar; izar y bajar; cargar y descargar; mantener; fabricar; mezclar (colas con varios componentes, etc.); moldear; abrir (recipientes, etc.); poner en funcionamiento (equipos); pedir (materiales); empaquetar y desempaquetar; empastar; ejecutar; colocar; verter; preparar; presionar; regular (el flujo de pulverización, etc.); reparar; sellar; afianzar; seleccionar; establecer; alisar (superficies); pulverizar; esparcir; apretar; almacenar; supervisar; roscar; comprobar (las juntas encoladas); transportar; dar el acabado; desatascar (boquillas); tapizar; utilizar (herramientas); lavar (equipos, manos, etc.); llevar (equipos de protección personal); pesar; limpiar

lunes, 15 de octubre de 2007

Riesgos para la salud: La acroleína

La acroleína es un contaminante atmosférico común liberado por los humos de escape de los motores de combustión interna, que contienen distintos tipos de aldehídos. La concentración de acroleína aumenta cuando se utilizan gasoil o fueloil. Asimismo, la acroleína se encuentra en cantidades considerables en el humo del tabaco, no solo en la fase particulada del humo, sino también, y en mayor cantidad, en la fase gaseosa. Junto con otros aldehídos (acetaldehído, propionaldehído, formaldehído, etc), alcanza una concentración tal (entre 50 y 150 ppm) que parece ser uno de los aldehídos más peligrosos del humo del tabaco. Por tanto, la acroleína representa un posible riesgo profesional y medioambiental.
La acroleína es tóxica y muy irritante, y su elevada presión de vapor puede dar lugar a la rápida acumulación de concentraciones atmosféricas peligrosas. Sus vapores provocan lesiones en el tracto respiratorio y, junto con la forma líquida, lesiones oculares. El contacto con la piel produce quemaduras graves. La acroleína se detecta fácilmente gracias a sus excelentes
propiedades de advertencia, puesto que provoca irritación grave a concentraciones que no representan un riesgo agudo (su potente efecto lacrimógeno a concentraciones muy bajas en la atmósfera (1 mg/m3) obliga a las personas a salir del lugar contaminado en busca de equipos protectores). En consecuencia, es más probable que la exposición sea el resultado de fugas o derrames de tuberías o recipientes. Sin embargo, es posible que algunos efectos crónicos graves, como el cáncer, no se eviten del todo.
La inhalación constituye el riesgo más grave. Causa irritación de nariz y garganta, opresión torácica, dificultad respiratoria, náuseas y vómitos. El efecto broncopulmonar es muy grave; aunque la víctima se recupere de una exposición aguda, sufrirá secuelas radiológicas y funcionales permanentes. Experimentos con animales indican que la acroleína tiene acción vesicante, destruyendo la mucosa del tracto respiratorio de forma que la función respiratoria queda totalmente inhibida en el plazo de 2 a 8 días. El contacto repetido con la piel puede causar dermatitis, y se ha observado sensibilización de la piel.
El descubrimiento de las propiedades mutagénicas de la acroleína no es reciente. Rapaport lo observó ya en 1948 en Drosophila. Se han realizado investigaciones para determinar si el cáncer de pulmón, cuya conexión con el hábito de fumar es indiscutible, podría estar relacionado con la presencia de acroleína en el humo, y si ciertas formas de cáncer del aparato digestivo que se han relacionado con la absorción de aceites para cocinar quemados se deben a la acroleína contenida en dichos aceites. Recientes estudios han demostrado que la acroleína es mutagénica para ciertas células (Drosophila, Salmonella, algas como Dunaliella bioculata) pero no para otras (levaduras tales como Saccharomices cerevisiae). En los casos en que la acroleína es mutagénica para una célula, se observan cambios estructurales en el núcleo similares a los causados por los rayos X en las algas. También produce distintos efectos en la síntesis de ADN por interferencia con ciertas enzimas.
La acroleína inhibe eficazmente la actividad de los cilios de las células bronquiales, cuya misión es mantener limpio el árbol bronquial. Este hecho, sumado a la acción favorecedora de la inflamación, hace muy probable que la acroleína pueda causar lesiones bronquiales crónicas.